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Cortejo fúnebre


No era el destino de tus ojos coca cola por mucho que se reflejaran en los míos verde musgo con balas del color de una pistola. 

Intentamos retorcer la barra de hierro fundido 
cuan Baco y su martillo pero ¡ay querido mío! 
nunca fue nuestro camino. 

Y aunque el corazón diera saltos y el alma se besara de los pies a la cabeza 
y buscaras entre mis piernas una estrella, 
un fantasma se reflejaba en los cristales rotos de una casa en construcción, 
con las cortinas rasgadas de un amor sin decisión. 
Prefieres vivir en mis sueños 
y allí es lo que no pudo ser en este mundo de espejos. 


Te siento en el vacío de carreteras encendidas con olor a gasolina 
y me susurran tus manos el sonido de mil cremalleras 
en busca de una carne trémula que ya no existe, que se fue con un cometa sin enterarse siquiera. 

Las rendijas son cobijo, el polvo rumor de estrellas y el mar se alza bravío, la playa se llena de conchas que me cortan, que me hieren que me enganchan a tu nombre, que me cuentan que estás vivo. 

Y el sueño se desvanece. Las cremalleras, las carreteras, la gasolina, mis piernas y tu sonrisa, todo huye y desaparece. 

Maldigo el tiempo que no quisimos, me escuecen tus labios y mi soberbia y en aquella plaza rota tu solemne reverencia. 

Y yo farola rota que ni alumbra ni calienta sigo escuchando tu nombre al paso de un cortejo fúnebre de ratas sanguinolentas.

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