en una tierra baldía,
de silencios y rencores,
esparcidos en rincones,
igual que los polvorones
de Navidades pasadas.
De envidias mal disimuladas,
de miradas ocultadas
tras cristales enlutados
y cortinajes empolvados
con rostros muy colorados
clavados en las mirillas.
Qué mal poniente esta quilla,
esta casa malherida,
que hace tiempo que no es casa,
ni refugio ni terraza,
que se dirige sin demora
hacia el viejo cementerio.
El gesto adusto, el rictus serio,
las sonrisas se gastan en la ciudad del silencio.
Un viento que vuela se lleva una alondra.
Se persigna una anciana en esta noche sin sombra.
Y la luna no sale, que se encuentra de luto.
Qué puta la vida en el centro del nudo.
Un corazón ya no late,
se halla en el núcleo
de un mundo sin alma.
Tres gotas pequeñas golpean, sin calma,
esta ventana rota que ni cierra ni abre.
Tres gatos sin dueño se mueren de hambre.
El hombre no quiere entregarles su sangre.
Se van maullando muertos de frío,
el hombre no quiere sacarlos del río.
Qué puta la vida a este lado del filo,
las horas del día cuelgan de un hilo,
ancianos y ancianas mastican cantares,
engañando a la muerte cuando viene a buscarles.
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