Se bifurca en los senderos,
no hay sonido que lo acalle.
Las cruces de los páramos
se ahogan ante mi llanto.
De tanto esperar tus manos,
manos que nunca llegaron.
Y ahora, el viento no sopla,
ni la marea está alta,
ni hay nadie en la proa,
ni las velas levantadas.
Ahora ya no hay remedio,
ni a tu voz, ni a mi garganta.
Ahora ya no hay arpeggios,
ni luz, ni mar, ni nada.
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