Ni sopla el mismo viento, ni las palabras pronunciadas contienen ya la misma vibración, el mismo color.
No se puede volver al instante en el que se vive.
Uno cree que sí, que el tiempo es infinito y que todo permanece estático, como en un fotograma de sombrillas sonrientes, con el logo de patatas 'Rissi' tostándose al sol, o el balón de 'Nivea' que, aquel verano capturó el tío con su recién estrenada 'Polaroid', volando raudo por un cielo azul claro y un rumor de olas que ya nunca se borra de los oídos.
Todo se muestra parado, impasible, transparente al mirarlo a contraluz.
Cuando uno lo observa, a veces, se tiene la sensación de que esos retazos le pertenecen a otro.
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