Qué triste noviembre
con sus hojas caídas,
y sus días hirientes.
Con su luz mortecina
que dobla la esquina
de un bar sin clientes.
Una rama brinca y
mete sus dedos en una ventana, impertinente.
Se empotra contra la nada,
en un giro imposible, superviviente.
De otros noviembres,
de cientos de días,
de mil cicatrices impenitentes.
Qué triste noviembre,
con su carterita manchada de tinta,
y en el asa una cinta,
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